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¿Quien empieza primero….? | Training and Development Digest Online

He escuchado a decenas de personas que forman parte de mis relaciones personales: amigos, compañeros de trabajo, participantes de mis seminarios, conciudadanos, que expresan su “intención” de cambiar de actitud…DESPUÉS que vean que las cosas han empezado a cambiar.

Es decir, yo he percibido una gran vocación colectiva de “acompañar el cambio pero muy baja vocación por LIDERAR el cambio.

No hablo de motorizar grandes transformaciones sociales, ni de cambiar radicalmente hábitos en una comunidad, hablo por ejemplo de cosas tan simples como ser el primero en no arrojar más residuos en la vía pública donde nos vemos cotidianamente… o animando a ir un poco más lejos, a ser el “primero” que levante algo que arrojó otro.

Este es un espacio de reflexión y una invitación a la acción para el cambio, tanto para quienes lideren equipos, sean estos de las características que fueren (empresariales, deportivas, ONG´S, de servicio público. otros…) como para personas que sientan la necesidad de ser parte del cambio, por pequeño que este sea, en el convencimiento que si otra persona, con la misma vocación de cambio está  tomando la misma decisión, en algún momento la suma de 2+2 serás que 4 y en ese momento sentiremos la satisfacción que valió la pena empezar, y de allí nace la elección del título de este artículo para poder respondernos la pregunta:

¿QUIEN EMPIEZA PRIMERO?

La Naturaleza del Cambio.

Si bien es un juego de palabras, inicio este análisis apoyándome en lo dicho por ese autor anónimo que aportó “lo único permanente es el cambio” para reflexionar sobre Cambios en sentido amplio y focalizar finalmente en el cambio en particular que propone este articulista.

A las personas en general no nos gusta la incertidumbre, es más sencillo programar acciones en el marco de terreno conocido, actuar en consecuencia y obtener “resultados esperables”.

Pero el siglo XXI no ofrece este escenario de futuros previsibles, dado que ya desde fines de los 80 la gran diferencia es la velocidad con que cambian las cosas que nos rodean.

Cuando algunos de mis clientes de consultoría se expresa:

“Para que cambiar si aquí siempre lo hicimos así y nos da buenos resultados”

Yo me siento como si estuviera frente a una de las víctimas del tsunami asiático del 2004, que está  en su apacible playa a la que concurrió tantas veces, pero que no ve venir la ola de cambios que está ocurriendo fuera de su empresa, independientemente de lo que está pasando dentro de la misma.

Me animo entonces a preguntarles, si se imaginan entonces:

  • ¿Por qué hay que aprender a cambiar?
  • ¿Por qué los productos cambian?
  • ¿Por qué las tecnologías cambian?
  • ¿Por qué los clientes cambian?
  • ¿Por qué los empleados cambian?
  • ¿Por qué los competidores cambian?
  • ¿Por qué los Estados cambian? (al menos en las funciones que influyen en la actividad empresarial)
  • ¿Por qué las familias cambian? (“Los chicos crecen”…. Inexorablemente)
  • ¿Por qué nosotros cambiamos?
  • ¿Por qué el planeta está cambiando y seguirá haciéndolo?

Pregunto entonces: Como puede alguien a cargo de una empresa o de cualquier otra organización, permitirse la pasividad de no analizar el impacto de los cambios que están ocurriendo a su alrededor, aunque sea para ratificar el rumbo, pero solo después de analizado el escenario…. que volverá a cambiar en muy poco tiempo, obligándolo a repetir el ciclo de análisis probablemente con menos datos y por ende aumentando incertidumbre por los resultados a lograr.

Para explicar que pasará si no aprendemos a cambiar, voy a recordar una actividad secundaria que alguna vez desarrollamos con un par de amigos incursionando en la apicultura, etapa de mi vida que me mostró el apasionante mundo de las abejas.

En este mundo casi perfecto de la vida de una colmena donde aparece el ejemplo que permite mostrar el riesgo de no haber aprendido a cambiar:

Si se observa una colmena (natural o bien construida por el hombre) se verá que la abeja se desplaza caminando hasta la salida (piquera) y desde allí remontará su vuelo.

Debo recordar que la piquera es siempre la parte inferior de cualquier colmena. Esta práctica trasmitida genéticamente de abeja a abeja permite realizar el siguiente experimento:

Coloque una abeja en un frasco relativamente largo y afinado, retire la tapa, dejando la parte superior libre.

Uno podría imaginar que la abeja se irá volando o al menos caminando por las paredes del frasco “en forma vertical” hasta llegar al borde superior e iniciar su vuelo.

Como justamente, caminar en forma vertical ascendente es  EL CAMBIO Que la abeja debe realizar para salvarse sino morirá y NO ESTÁ PREPARADA para cambiar, seguirá intentando encontrar una salida probando una y mil veces mientras camina horizontalmente por el fondo del frasco buscando la piquera, COMO LO HIZO SIEMPRE…HASTA MORIR.

La enseñanza nos deja esta experiencia práctica, por lo que debemos estar preparados. Así que si se quiere poner en práctica toda la inteligencia, lo ideal es que tomemos batidos para mantener el cuerpo sano. Así sacaremos todo nuestro potencial.

Para probar caminos nunca antes transitados, para trabajar con técnicas nunca antes probadas por nosotros, para asociarnos con colegas que tal vez nunca conozcamos personalmente (vía redes sociales), para ensayar hacer mejor tareas que ya otros hacen, pero fundamentalmente para poder dejar de hacer lo que siempre hicimos, que es lo que creemos saber hacer y buscar nuevas maneras de enfrentar el desafío actual…. Que no será el último.

Mis saludos cordiales  desde la República de la Argentina a todos los lectores de este artículo en www.tdd-online.com

Guillermo Raul Borda
Director Académico Escuela Logos

Twitter:@gborda54

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