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La nueva Generación “R” | Training and Development Digest Online

Gerardo González. En mayoría de los casos todo empezó con un simple… ” me acompañas un momento, me temo que tengo malas noticias”, después llegó descubrir que el mundo es capaz de seguir sin cada uno de nosotros.  Ahora la buena noticia es que según los mismos que vaticinaron lo que ya se conoce como una de las grandes recesiones económicas de la historia, lo peor ha pasado, sólo nos queda recuperarnos. Y de pronto lo que para unos era el principio de un nuevo e incierto futuro para otros se convierte en un triunfo, el triunfo de haber superado lo peor de la crisis.

Estarán de acuerdo conmigo en que se hace preciso reconocer que de igual modo que habrá que felicitar a todas esas organizaciones que han sabido resistir los envites económicos y financieros de estos años y que ahora se encuentran “preparadas y ajustadas” para la mejora deseada, habrá también que compartir la alegría de todos aquellos, -con trabajo o sin trabajo, mayores de 50 o menores de 30-, que no han dejado que las consecuencias de la crisis, sean unas u otras,  se conviertan en lo más importante que les haya pasado nunca.

El caso es que sin quitarle mérito a todas esas organizaciones “preparadas y ajustadas” que ahora tenemos, me parece mucho más encomiable la aptitud de muchos hombres y mujeres que enfrentados a distintas dificultades han coincidido en mantener viva la esperanza por el futuro. Todos ellos merecen mi respeto y admiración.

Sin duda la crisis está siendo particularmente dura para todos aquellos que han perdido su trabajo. Muchas de esas personas han tenido y tienen dificultades para encontrar consuelo a su situación personal, es fácil entender cómo su estado de ánimo empeora según pasan los meses sin poder trabajar y en algunos casos particulares que he conocido personalmente, puedo decir que su pena ha estado a punto de llevarlos a alguna locura. Sin embargo me quedo con la energía de muchos de ellos para desprenderse de su dolor incluso cortando vínculos físicos con su pasado y empezando su vida de nuevo, a ellos se suma mi alegría y mi ánimo, ellos son parte protagonista de esta  nueva generación que nace de la recesión, la Generación R de generación reinventada, regenerada, reaparecida.

Pero tampoco la crisis ha sido fácil para todos aquellos que han mantenido su puesto de trabajo. La travesía es complicada y dura. La presión y la decepción que provoca en muchos de ellos el ver salir de la organización a compañeros y amigos, el ver cómo determinados valores se derrumban como castillos de naipes ante los primeros envites de la crisis, el comprobar que el compromiso con su organización y la responsabilidad en su tarea no son garantes suficientes para nadie, el perder la necesidad de saber, conocer que lo único seguro es la inseguridad y la incertidumbre, la severidad del nuevo clima laboral, etc., todo ello ha contribuido a alterar el sentido de pertenencia que hasta ahora se venía predicando en muchas organizaciones y a que los trabajadores que mantienen su puesto de trabajo hayan adquirido nuevas  habilidades y capacidades para sobrevivir a esas duras circunstancias. Empleados más prudentes, más flexibles, menos comprometidos, capaces de asumir mayores responsabilidades y un trabajo más duro, más preparados para dejar su actual puesto que antes de la crisis, más seguros de sí mismos, con el sentimiento de ser supervivientes.  Ellos también son parte protagonista de esta nueva generación que nace de la recesión, la Generación R de generación reforzada, reconstituida, referente.

Esta nueva Generación R  no se definirá ni por la edad ni por el género sino por la aptitud común para sobreponerse a las dificultades,  es la generación de la resiliencia, mantendrá puntos en común con otras generaciones, pero sin duda se sentirán con mayor capacidad que ninguna de ellas para adaptarse a los cambios. Esas nuevas habilidades y capacidades deberán ser gestionadas de manera distinta en las organizaciones, al mismo tiempo que se convierte en una oportunidad para los empleadores puede ser un problema sino se sabe capitalizar su gestión. A mi juicio, el incremento salarial dejará de ser el protagonista de las nuevas relaciones laborales y en su lugar aparecerán nuevos conceptos definidos desde una visión más humanista de la relación de intercambio en el trabajo. Obtener el cambio y la transformación en la forma de gestionar personas requerirá una reflexión profunda al respecto de la conveniencia de seguir usando   los mismos métodos de gestión en las organizaciones nacidas de adelgazar y ajustar sus plantillas. No hacerlo, no sólo será una impertinencia con la profesión y todos aquellos que tuvieron que abandonar la empresa, sino un estúpido gasto de tiempo y recursos.  La inseguridad y la incertidumbre en el trabajo se ha instalado en el ideario de los trabajadores y las organizaciones deberán aprender a manejar también estas nuevas variables si quieren seguir siendo competitivas.

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