Entrevista

La comunicación no es la solución …es el resultado

¿Organizaciones que reflejen nuestros valores y sean exitosas en los negocios? … ¡eso sí que es ciencia ficción! –afirmaba el flamante directivo de una organización cuyo nombre no logro recordar. El caso es que en vez de callarme y sonreír para terminar en ese punto la exposición, no pude remediarlo e insistí: – Hoy se hace cada vez más notorio que el comportamiento privado y el público se han vuelto casi indistinguibles y, en consecuencia, no parece desacertado pensar que el cómo hagamos lo que hagamos, cual sea nuestro comportamiento profesional… será, cada vez en mayor medida, un elemento diferenciador frente a multitud de competidores que disponen de los mismos medios, de la misma información, la misma tecnología, los mismos servicios e idénticos productos.

Sin lugar a dudas, durante la última década, nuestra sociedad ha vivido una transformación sin precedentes. Concluir que de dicha transformación ha surgido un nuevo paradigma relacional que enfrenta al conjunto de la humanidad a nuevos retos no parece desacertado; concluir que de entre esos retos destaca la urgente necesidad de replantearse los tradicionales mecanismos de actuación en procesos económicos y sociales es, a todas luces -cada vez que miras a tu alrededor- más evidente aún si cabe.

El caso es que hoy vivimos una nueva realidad, cuya principal característica más allá del indiscutible avance tecnológico que nos acompaña, es el de poner encima de la mesa “viejos problemas” no resueltos respecto a cuestiones sobre la actuación requerida para la viabilidad de esos procesos económicos y sociales.

Una de las claves de esa nueva realidad global, interdependiente e interconectada es el que cada vez se hace más evidente la necesidad de trabajar con un enfoque colaborativo, trabajar con, por y para otros, desarrollar proyectos o ideas conjuntamente, compartir visiones, expectativas y valores se empieza a convertir en algo esencial e indispensable si pretendes tener algún impacto relevante con tu actuación. Mi historia tiene al menos que hacer el esfuerzo de conocer la otra parte de tu historia para, incluso en el conflicto, construir conjuntamente.

Decir que se pueden vivir relaciones auténticamente humanas, de amistad y sociabilidad, de solidaridad y de reciprocidad también dentro de la actividad económica o productiva de nuestra sociedad y de nuestras empresas sigue siendo hoy en día ir “contra natura” de ese estereotipo universal creado alrededor de nuestras relaciones sociales en general y laborales en particular, que ha sido la madre de todas las estupideces.

En el ideario general de la estupidez sólo se entiende el ganar si es a costa de lo que otros pierden, un absurdo juego de suma cero que no conduce más que a la satisfacción de unos pocos a cambio de la insatisfacción de muchos y que trasladado al ámbito de las organizaciones sólo posibilita un éxito insostenible y perecedero como nos muestran la mayoría de las organizaciones que han actuado con ese lema, las cuales en un proceso casi natural, crecieron, se desarrollaron,  gozaron de éxito, se volvieron estúpidas y desparecieron.

Encontrar catalizadores que promuevan el cambio en estos aspectos no es tarea sencilla. Se trata de un acto de auténtica creatividad, un viaje imaginario hacia un futuro deseable para nosotros y para los que nos sucedan. Es ese concepto, llamado “visión” cada vez más presente en el liderazgo empresarial, a pesar de ello, igual que la palabra fuego por sí sola no quema, la palabra visión por sí sola no se comparte por todos, pocas veces encuentras visiones compartidas en una organización, el caso más frecuente es que una persona o un departamento formule en nombre de la organización la visión de aquella y luego la “imponga” al resto de la organización o al menos trate de hacerlo “conquistando” bienintencionadamente las visiones personales de cada cual con los más variopintos métodos y herramientas. 

Como resultado, un sinfín de personas que “acatan” la visión e incluso otros- casi siempre los mejor pagados-  que hasta la cuelgan o la pintan en la pared de su despacho o adornan su chaqueta con pin y chapas de variopintos colores, -lo que sea menester para mantener el statu quo- , pero…¿ese es el tipo de compromiso que necesitamos para progresar?, yo sinceramente creo que no y que así nos va, nos desgañitamos de ver la paja en el ojo ajeno y cuando toca mirar la de uno mismo…¡nos colgamos la chapita y a lucirla!

Y es que parece lógico, para que una visión sea compartida, debe recoger y reflejar al menos parte de la visión personal de quienes se pretende que la compartan ¿no?. Es de sentido común, un sentido muchas veces olvidado o ignorado en muchas organizaciones gastando ingentes cantidades de dinero por mejorar las capacidades de comunicación de sus directivos para que sean ellos los que transmitan la visión de la organización al resto a través de esas pintadas en la pared o ejercicios al aire libre tipo picnic de fin de semana, nada más lejos de profundizar en expectativas y valores.

En mi experiencia, las visiones genuinamente compartidas requieren una comunicación permanente, no sólo cuando se quiere poner en valor lo que interesa a una parte. La comunicación es un viaje con dos direcciones, ida y vuelta. Sólo quien esté dispuesto a generar un ambiente profesional en el que los individuos no sólo se sientan libres de expresar sus ideas, sino que también pueden participar de las ideas ajenas, puede proponerse compartir una misma visión.

Una visión compartida sustenta el compromiso del equipo,  el reconocimiento del compromiso ajeno fortalece el propio, así de sencillo. Esta no es una tarea inmediata, exige creer en el largo plazo, tener cierta mentalidad recolectora y no sólo actitud depredadora, ser paciente en la impaciencia del mercado y tratar que cada visión personal se encuentre alineada con la visón global del equipo o de la organización, lo que sin duda exige trabajo, rigor y talento por parte de quien se lo propone, tener en cuenta a sus colaboradores y compañeros, hacer lo posible por conocer sus necesidades y sus aspiraciones, aprender a manejar conversaciones difíciles o complicadas, rebajar tensión sin que la productividad se vea afectada, acomodar los mensajes al interlocutor, apostar por el conversar cara a cara, no despreciar la utilidad de los nuevos métodos de comunicación, desocupar tu ocupada mente para escuchar eficazmente, creer en la humanidad de las personas…etc., sólo así podrás garantizar que la visión de la organización está siendo compartida, lo demás son más especulaciones bien recibidas por la conveniencia del sistema social y económico actual que forman parte de la estupidez de unos que contagia a otros.

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