Entrevista

La autotelia como supervivencia emocional en el actual mercado laboral

Alain Martín Molina. Atrás quedaron los años en los que el mercado laboral en España ofertaba más puestos de trabajo de los que era capaz de cubrir. Ahora miramos atrás y recordamos aquella época de bonanza en la que los profesionales de todo tipo podían sin ningún problema saltar de un trabajo a otro buscando mejorar sus condiciones. Los profesionales de la selección y los headhunters se las veían y deseaban para encontrar el perfil requerido y los candidatos disponían de diferentes ofertas encima de la mesa para quedarse con aquella que más le compensaba. Y así los candidatos elegían no sólo en función del sueldo, sino de toda una serie de variables que les hiciese la vida más cómoda tales como la distancia del trabajo a casa, las posibilidades de promoción o el horario. Sin embargo, en la actualidad, las necesidades obligan a no poder escoger sino a conformarse con el puesto que consigas, siendo esto ya un éxito destacable. La aceptación de cualquier puesto de trabajo apremiado por la necesidad puede desembocar en una serie de problemáticas psicosociales en el trabajador. Aquí, trataremos de dar al trabajador un arma llamada autotelia para combatir esos problemas derivados de verse obligado a desempeñar un trabajo que cada día le resulta más insufrible.  

La problemática 

            Como comentábamos, la coyuntura económica actual hace que el trabajo sea un bien escaso y hoy es el día en que hablar de tener un puesto de trabajo sea visto como un privilegio al alcance de sólo unos pocos. Las obligaciones y cargas familiares y personales hacen imperiosa la necesidad de tener un trabajo como medio de obtener unos ingresos que, con un sistema de Seguridad Social en decadencia, se convierte en necesario para escapar de la temida exclusión social. Es esta necesidad y la falta de opciones en el mercado de trabajo la que nos obliga a aceptar trabajos que normalmente no aceptaríamos.

Se trata de trabajos por debajo de nuestra cualificación profesional, mal remunerados, que nos obligan a trasladarnos a largas distancias desde el domicilio a diario, con horarios extenuantes o incompatibles con la vida personal, en empresas de mala reputación o supeditados a unos superiores que te presionan para alcanzar los objetivos hasta límites insospechados. Estos trabajos, a los que no se puede renunciar por necesidades económicas, te obligan a bajar la cabeza, acatar, apretar los puños y seguir hacia delante confiando en un futuro que se antoje mejor que el presente. Sin embargo, esta contrición forzosa merma al individuo desde lo más hondo de su ser, le hiere en la línea de flotación de su autoestima, le debilita, y vaga por el trabajo como un animal moribundo.

El sometimiento ante las circunstancias deriva en sumisión incondicional y el hundimiento psicológico de la persona hace que vea las dificultades como insalvables y vitalicias. La persona pierde poco a poco fuerza de actuación, energía para tratar de cambiar las cosas y se acomoda extrañamente en una coyuntura que acepta con resignación.La Historianos muestra ejemplos de este suceso. El esclavismo nos mostraba a una población negra en Estados Unidos muy numerosa que se resignaba a nacer, crecer y morir trabajando en los campos de algodón de los estados del sur. La población judía dela Europanazi agachaba la cabeza y permanecía impertérrita ante la barbarie cometida contra su pueblo. Ni negros ni judíos se rebelaban contra la situación porque estaban sumidos en un abatimiento psicológico tal que anulaba su capacidad de reacción.

En el mundo actual sigue habiendo casos tan dramáticos como los descritos anteriormente. Pero en el ámbito laboral que nos atañe la emoción interior es la misma. Abatimiento, desmotivación, melancolía, hostilidad, tristeza, depresión. Sensación de estar viviendo una vida de la que no puedes escapar. Una vida que el trabajo hace que te hastíe. Y esa actitud repercute en el trabajo, en el desempeño profesional del individuo, que hace que baje a mínimos y peligre su continuidad en el mismo. Y ante este panorama tan desolador, ¿qué se puede hacer?

La autotelia: un instrumento   

            Una posible solución a esta desmotivación del trabajador que le lleva a ese abatimiento generalizado que repercute en los resultados puede ser lo que se conoce con el nombre de autotelia. Entendemos este concepto como aquello que hace que la atención se detenga en el propio desarrollo, más acá de los resultados, y puede por lo tanto, resultar intrínsecamente gratificantes. Como hemos explicado anteriormente, y así lo corrobora el psicólogo estadounidense Mihaly Csikszentmihalyi, el problema surge cuando las personas se centran tanto en lo que desean conseguir en el futuro que son incapaces de encontrar placer con el presente. Este autor nos indica que la actitud personal debe ir dirigida a tratar de disfrutar de la actividad desempeñada, tratando de concentrarse en ella y buscar las satisfacciones que todo trabajo tiene. Esta claro que un estancamiento o degradación profesional frena de golpe las expectativas laborales que teníamos y genera una frustración en el trabajador. En la época de bonanza la solución del individuo estaba clara: cambiar de trabajo. Sin embargo, la coyuntura actual no permite esa salida al problema.               

            ¿Pero qué es realmente la autotelia? Podemos decir que se trata de una serie de actitudes adoptadas por las personas que deciden tomarse a sí mismas como el medio principal para sentirse realizadas utilizando el desarrollo de nuevas habilidades y destrezas personales. Fundamentalmente es eso, una actitud. Un nuevo enfoque en el trabajo que permite encontrar los aspectos positivos que todos los puestos de trabajo tienen.

            Las claves para lograr esa autotelia en un puesto de trabajo en el que no estás a gusto son el interés y la curiosidad por el trabajo a realizar y por la empresa, el pensamiento crítico, la capacidad de análisis y reflexión acerca de la compañía y su sector, la inteligencia emocional para asimilar ataques personales o broncas, capacidad de cooperación, autodisciplina o perseverancia. También es muy importante el compañerismo, como apoyo de un grupo de pares que tal vez vivan en la misma situación que tú.

            Es una cuestión de enfoques. Hasta los trabajos más penosos pueden tener un punto positivo. Posiblemente el ejemplo más gráfico sea el que Stephen Lundin, Harry Paul y John Christensen mostraron en el best seller del management Fish!. Este libro muestra cómo el humor y la imaginación en el puesto de trabajo pueden hacer divertido hasta un puesto de venta de pescado en un mercado de Seattle. Algo tan vulgar y anodino como vender pescado puede resultar gratificante y hacer que los empleados vayan con ganas a trabajar. Y es que el humor, como defendió el famoso psicólogo Edward De Bono, es el rasgo más significativo de la mente humana. Y bien utilizado puede ser una poderosa herramienta para acercarnos a la autotelia.

            El consultor de Management y Recursos Humanos, experto en autotelia, José Enebral Fernández nos recuerda en su artículo “Autotelia y disfrute en el desempeño profesional” de 2004 quela Psicología Positiva es necesaria para tener bienestar en el trabajo y felicidad en general, y que hay personas que teniendo unas condiciones de vida objetivamente peores que otras, están más autorrealizadas. Y la autorrealización es el punto más elevado de la autotelia.

La autorrealización personal en el puesto de trabajo          

            Hablar de autorrealización personal es tratar de objetivar algo de por sí subjetivo. Aquellas cosas que llenan a una persona resultan insignificantes para otras, aquellas que son motivadoras para unos son indiferentes para otros. Sea como fuere, cada persona conoce qué cosas son aquellas que le hacen alcanzar la plenitud en su interior y estar contentos con uno mismo y con su vida. Y a la hora de hablar de autorrealización y de necesidad de trabajar aunque sea a disgusto, es necesario tomar como referencia la famosa pirámide de Maslow o jerarquía de las necesidades humanas. Este psicólogo estadounidense valuarte de la psicología humanista elaboró una teoría sobre la motivación humana que representó en una pirámide de cinco niveles, de los cuales los cuatro primeros son necesidades de déficit y el último el de la autorrealización.

La base de la pirámide la forman las necesidades más básicas, las fisiológicas (comer, descansar, respirar), el segundo escalón la seguridad (física, de salud, de recursos), la tercera la que denomina como afiliación (amistad, afecto, intimidad sexual) y la cuarta la que hace referencia al reconocimiento (confianza, respeto, éxito). La teoría de Maslow defiende que los individuos van escalando en la pirámide a medida que obtienen lo de cada escalón, desde lo más básico a lo más personal. Por ello, el último escalón de la pirámide, la cúspide de la misma es la autorrealización. Y aquí nos habla de moralidad, creatividad, espontaneidad, capacidad de aceptación, de resolución de conflictos…Es la necesidad psicológica más elevada del ser humano basada en la satisfacción que da un sentido a la vida a través de las actividades que realizamos.

Por tanto el trabajo, como actividad que más tiempo nos ocupa a lo largo de nuestra vida, debe ser el escenario donde volquemos los esfuerzos para buscar esa autorrealización que nos permita alcanzar la autotelia necesaria para superar las problemáticas descritas en el primer apartado.

El día a día     

            Como hemos reiterado, ser una persona autotélica que busca la autorrealización es una actitud que exige constancia y dedicación.  En el día a día el trabajador debe abandonar los pensamientos negativos y obviar el telón negro que ve en su cotidianidad. Debe tratar de cultivar una actitud positiva ante la vida y el trabajo, siendo optimista desde primera hora de la mañana. Debe aprender a disfrutar y celebrar cada conquista, por pequeña que esta sea, identificando sus pequeños logros y haciéndose valer por ello. Cuidar los detalles, felicitarse por las habilidades y recursos aprendidos, ser una fuente de ánimo positivo y ser agradecido por las cosas sencillas.

            Frente a esta actitud, hoy es más frecuente ver a una persona, a un trabajador que se levanta con desgana, refunfuñando, que acude al trabajo arrastrando los pies con desánimo. Tiene una actitud negativa ante todo, es pesimista ante el futuro, no encuentra motivos de celebración en nada de lo que hace o de lo que consigue. Se minusvalora, irradia desánimo y contagia a los de su alrededor con su actitud derrotista. Mira el reloj intermitentemente deseando que llegue la hora de salir, está tenso por un posible despido y los días son calvarios que parecen no terminar nunca.

            No podemos cambiar la situación económica que nos está tocando vivir, sin duda. Ni el mercado laboral que padecemos fruto de esa crisis. Pero sí podemos elegir cuál puede ser nuestra actitud frente a ella. Está claro que es difícil sonreír por las cosas pequeñas cuando antes sólo las grandes cosas lograban hacerlo. Pero la actitud es nuestra y nadie nos la podrá quitar. El proverbio dice que no podemos dirigir el viento pero sí ajustar las velas. La autotelia no es más que un ajuste de velamen para sortear los vientos de una tempestad que, tarde o temprano, pasará y traerá la calma.

Alain Martín Molina
Antropólogo Social y Recursos Humanos

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