Opinión

El difícil arte de domar dragones

Gerardo González. “Cuando hablamos de arreglar los problemas del mundo, estamos descortezando el árbol que no debemos. El mundo es perfecto. Es un caos. Siempre ha sido un caos. No lo cambiaremos. Nuestro trabajo es enderezar nuestras vidas” Joseph Campbell.

El escritor y mitólogo Joseph Campbell, nos describe a cada uno de nosotros como ese héroe de las mil caras que en algún momento de su vida tiene que iniciar un viaje lleno de amenazas y pruebas en el que ineludiblemente tenemos que cruzar “el primer umbral” para encontrarnos con una sombra interna, un dragón, cuya oposición hay que conciliar.

Cómo conciliar o incluso derrotar ese dragón es a lo que un amigo muy especial al que le gusta estar constantemente embrollado en ayudar a las personas de su alrededordenomina “aprender a domar dragones” y oyéndole hablar sobre ello uno se da cuenta de lo difícil y complicado que puede llegar a ser.-Sólo si eres capaz de domar tu propio dragón puedes ayudar a otros a que lo hagan con el suyo- reflexiona en voz alta. – Sólo así podemos enfrentarnos con fortaleza suficiente al caos que es el mundo en el que vivimos- comenta.

Las escamas del dragón son duras, ásperas y difíciles de arrancar ,  están llenas de muchos, tienes que…, debes de…, no dejes que…, ganas o pierdes… y otras tantas limitaciones que con el tiempo se convierten en verdaderos dogmas que cada uno de nosotros interioriza como ciertos e irrefutables, atavismos tribales, defensas intelectuales, líneas rojas imposibles de cruzar, verdades como puños, resentimientos, legitimaciones absurdas…etc., si se reconoce en alguna de ellas, bienvenido, has encontrado tu dragón interno.

En un mundo globalizado dominado por la tecnología, lo rutinario se convierte en intranscendente, lo conocemos pero no le prestamos la suficiente atención. Dicho de otra manera, en lo cotidiano, en lo habitual, en lo generalmente aceptado se esconden nuestros particulares dragones. No los identificamos y por lo tanto no dedicamos tiempo y esfuerzo en su doma.

Aprender a domar nuestro dragón interno exige en primer lugar reconocerlo, nombrarlo, identificarlo para poder a través de esa exploración interioraprendera negociar efectivamente con cada uno de nosotros mismos. Puede sonar extraño, cómo voy a estar en desacuerdo conmigo mismo, quién gana, quién pierde, no necesito argumentarme a mi mismo para convencerme de algo que ya tengo decidido y así un sinfín de contrariedades ¿verdad?, sin embargo sólo quien conoce su dragón interno puede entenderlo de forma racional y no emocional y sólo entonces podrá empezar a practicar el difícil arte de domar dragones.

Negociar es algo intrínseco al desarrollo de la especie humana, la vida por si misma es resultado de una negociación previa. Desde que nacemos estamos negociando con otros, por alimento, por una caricia, por algún interés concreto. A medida que crecemos seguimos negociando, no sé decir cuando pero llega un momento en que los intereses se van confundiendocon posiciones y dependiendo de unos y otras a veces transigimos y a veces somos intransigentes, a veces somos agresivos y a veces indulgentes, a veces negociamos inteligentemente y a veces como unos estúpidos…, negociaciones que al fin y al cabo terminan de repente para todos de igual manera ante una última negociación con la vida.

Si no hay ese reconocimiento previo y personal es como si a nosotros no nos afectara o influyera el asunto, es algo ajeno, el problema es de otro, nos sentiremos perdedores o ganadores víctimas o verdugos pero nunca aceptaremos nuestra parte de responsabilidad en el asunto.

Hablar de negociación, automáticamente nos pone en alerta, nos hace pensar en unos y otros, en otro punto de vista, en otro lado, en preguntarnos a qué bando perteneces y sin embargo esa es sólo la mitad de la historia de nuestras negociaciones vitales, la más importante de todas sucede en nuestro interior, en esa voz que nos aconseja qué hacer, cómo actuar, qué decir … en determinadas circunstancias y de cuyo resultado se determina en gran parte la calidad de nuestras vidas y el impacto de nuestras acciones frente a los demás.

Aprender a comunicar correctamente para influenciar a otras personas es, sin duda, una habilidad extraordinaria para la vida en general y los negocios en particular, sin embargo sólo si aprendemos a negociar efectivamente con nosotros mismos podremos desarrollar plenamente ese poder de influencia, de lo contrario siempre daremos un motivo para la batalla, el conflicto, la razón, la victoria o la derrota y dejaremos que los dragones de unos y otros impongan sus voluntades frente a la de sus dueños.

Mi experimentado amigo lleva tiempo intentando domar su dragón, sabe de la extrema dificultad de esta propuesta, en el fondo forma parte de esas valientes personas comunes que no rechazan la llamada de la aventura, que abandonan el mundo ordinario para convertirse en héroes de lo cotidiano enfrentándose a esos dragones en su cueva interior, en las sombras, pero que también es consciente de como enfrentándose al dragón se obtienen las relaciones más duraderas, las recompensas más profundas en la vida, sólo así se puede llegar a alcanzar esebien tan preciado de querer influir en otros positivamente.

Estar al servicio de nuestros dragones es una trampa suicida contra nosotros mismos, nuestras interpretaciones de la realidad se convierten en las únicas interpretaciones válidas, confundimos nuestro punto de vista con el único punto de vista y si me apuras el único correcto. Humildad, sencillez, naturalidad y franqueza se deben convertir en instrumentos de ayuda a la tarea de la doma del dragón.

No estamos solos en esta aventura, tenemos la ayuda de cuatro especiales mentores, cuatro expertos negociadores internos que están presentes en todos y cada uno de nosotros en mayor o menor medida, cuatro competenciasque se pueden entrenar y  mejorar y que cualquier aspirante a buen domador de dragones debe conocer y aplicar. El primer trabajo consiste en llamarlas y hacerlas aparecer, son:elespíritu soñador, el espíritu pensador, el espíritu amante y el espíritu guerrero.

La primera de las identidades, la del soñador, gobierna nuestra capacidad de soñar un futuro mejor, – soñar no cuesta nada- , dice el aforismo, soñar no tiene compromiso necesita de la determinación y la fuerza de otras identidades para ponernos en movimiento, el pensador nos ayuda a analizar y resolver problemas, el amante nos ayuda a construir relaciones con otras personas y el guerrero nos empuja a la acción. Cada una de ellas necesita de las otras, una sin otras no son nada, todas juntas son imparables.

El soñador se mueve por intuición, en el mundo de las organizaciones es aquello que nos permite tener una visión y transmitirla a los demás.

El pensador está dirigido por la razón, -nada se puede dirigir que no se pueda medir- te dice a menudo. Necesita analizar, pesar, medir, contar, necesita control en el mundo profesional y personaly con ello nos provee de soporte y garantía para nuestra actuación.

El amante está presidido por las emociones, sabe y conoce cómo manejarlas y permite interesarse por el otro en su proceso de desarrollo de una forma auténtica y verdaderas, con compromiso y energía. 

El guerrero está dirigido por la acción y el compromiso, transformando las promesas en realidad, habla con valentía y forja su carácter en el torrente de la vida. Aunque no siempre se acompañe de sabiduría su presencia hace que nos sintamos seguros con él.

Sólo de la sabia combinación en cómo graduar la negociación con estas cuatro identidades internas que habitan en el fondo de nuestra cueva personal, sólo sabiendo cuál utilizar en cada caso y circunstancia y en qué grado o medida,  nos posibilitará  aprender a domar el dragón y triunfar en la negociación más importante de tu vida, la negociación contigo mismo. ¿Te atreves a ser un héroe?

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