Editorial

Crisis de valores y repercusiones en la sociedad: crisis, un reflejo del interior y una oportunidad para el cambio

Mónica Grossoni. El dilema ético y el efecto boomerang. La crisis actual es una crisis de valores, con consecuencias económicas y sociales sin precedentes. Saldremos de ella cuando los valores sean restituidos. Ninguna solución técnica que no tenga en cuenta los valores éticos tendrá un resultado positivo.

En nuestra condición de miembros responsables de la sociedad, todos nosotros queremos que los individuos y las organizaciones que nos representan actúen con ética. Sin embargo, quienes toman las decisiones que afectan a la sociedad, tienden a ignorar los puntos ciegos que les impiden hacer precisamente eso ser éticos.

La trasparencia una competencia emocional que según las investigaciones realizadas durante la década de los 80 por 2 psicólogos de la Universidad de Yale (Peter Salovey y John Mayer) que luego fueron difundidas mundialmente por el psicólogo, filósofo y periodista Daniel Goleman, se nos ha revelado como característica es crítica para tener éxito en los negocios en la vida y en sociedad.

La trasparencia ( la  ética ) es una competencia que pertenece a esta inteligencia emocional, responsable del 77% de nuestro éxito en la vida, frene al 23 % que se puede atribuir al cociente intelectual. Si tan crucial es disponer de una ética para nuestro trabajo, para nuestro éxito en la sociedad, ¿porqué nos cuesta tanto?, ¿porqué nos encontramos en situaciones delicadas como la actual?. Revisemos a continuación por qué es tan importante y tan difícil de mantener.

El dilema ético ¿que pasan con las organizaciones cuando la ética se transgrede?. Las lagunas de la ética delimitada. Un conflicto de intereses vs intencionalidad o premeditación.

Incluso para personas con buena intención. A pesar de su buena fe, puede que nos  comportemos trasgrediendo nuestros valores de ética sin ser conscientes de que lo hacemos. Generamos un punto ciego intencionado. Tomamos decisiones sesgadas sin ser conscientes. Las consecuencias para personas terceras pueden ser graves, pero se siguen tomando como si tal cosa. ¿Por qué? sucede en todas las profesiones, instituciones, empresas, familias y personas. Cosos tan sencillos y diarios como el de los profesionales de cualquier  campo, como el juez Scalia, tienden a considerar los conflictos de intereses como un problema de corrupción intencionada. Pero el aspecto más pernicioso de los conflictos de intereses lo han clarificado las investigaciones reiteradas, que han demostrado que cuando las personas sienten un interés creado en ver un problema de determinada manera, ya no son capaces de ser objetivas. Por ejemplo un medico trata de ser objetivo y asesorar el mejor tratamiento posible a su paciente. Y su recomendación es por ejemplo una cirugía. Sin embargo al no ser conocedor experto en otros tratamientos y beneficiarse por recomendarlos, no los recomienda. Y no lo hace. En lugar de eso insiste en su mejor recomendación, sincera pero “intersada”. También es cierto que pudo indicar que existen otras opciones a pesar de que  no tengo la experiencia necesaria , o a pesar de que no se beneficie, al recomendárselas pero vd indague y consúltelas. De esta forma si seria ético.  En fin que cuando hay conflicto de intereses, el ejercicio de la ética se ve limitado.

¿Por qué nosotros, como sociedad, seguimos tolerando los conflictos de intereses en esos ámbitos donde incluso está en juego la vida y la muerte? Este es un problema de prejuicio cognitivo.

Hay innumerables situaciones peligrosas en las que tomar una decisión u otra tiene repercusiones sobre la vida de muchas personas. Hay situaciones donde la ética determina la decisión a tomar, y dadas las consecuencias de las decisiones desprovistas de ética, es importante. Es por eso que ser conscientes del juego psicológico que tiene lugar y ensucia nuestras decisiones es crucial. Las consecuencias unas veces las sufren otros, a quienes no vemos, o no pueden defenderse, y otras incluso nos vuelven como un boomerang. Obrar con ética impide las consecuencias dramáticas y contribuye a la sostenibilidad del sistema. La pega es que requiere medio y largo plazo para ver sus efectos. Y en la vida actual prima el corto plazo. Tendremos que evolucionar, o dicho de otro modo, madurar más si queremos salir de esta. De nuevo el conflicto de intereses se cruza por medio impidiendo obrar con ética.

La sociedad capitalista prima el comportamiento egoísta. El sentimiento de vergüenza, honor y culpa ha desaparecido. Son los sentimientos que sustentan la ética. Reeducarlos es imprescindible para que la ética vuelva a la sociedad.

Llegados a este punto me gustaría señalar lo que la socióloga israelí Eva Illiouz, opina sobre la cuestión moral. Cree que “la cuestión es cuáles son los procesos sociales y culturales responsables de esta situación. Cuando el egoísmo se convierte en un modus operandi legítimo, hay una erosión del sentimiento de vergüenza, porque la vergüenza presupone una posibilidad de ser responsable para con los otros. Y el capitalismo ha erosionado en gran manera esa capacidad. Esta es una cultura que legitima la persecución hedonista del propio interés en todos los dominios”. Illiouz considera que la dificultad de juzgar nace de que esa búsqueda del propio interés “se ha generalizado en todos los ámbitos: incluso en la amistad o el amor: es completamente legítimo dejar un matrimonio de veinte años para perseguir el placer e interés de uno mismo”.

¿Es posible la abundancia de casos de corrupción sin que la sociedad entera sea sospechosa?

En mi opinión no es posible que la ética de los dirigentes, sea sin que la ciudadanía se comporte con ética. Los dirigentes son un reflejo de los valores del pueblo. Si un pueblo no solo tolera, sino aprueba y celebra el buscar el interés propio por encima del bien grupal, de la ética, pues es lo que obtendrá en sus gobernantes. Y esto va en doble dirección. Si los gobernantes de una nación o de una institución y organización no dan ejemplo de comportamiento limpio y ético, ¿cómo van a pedir limpieza a sus súbditos o subordinados?. No es creíble y no cabe esperarn resultados.

Es pues, más bien el legitimizar un valor, u otro lo que da origen a la situación actual. En este sentido y cito textualmente a Victoria Camps, “opina que lo que falla en las democracias es que “no se consiga forjar un carácter ciudadano, un fallo que algo debe tener que ver con la desaparición de ciertas emociones sociales como la vergüenza y la culpa. Si ves racionalmente una injusticia, pero no la sientes, no sirve de nada y los derechos humanos se convierten en algo vacuo y, aunque no los rechaces, en la práctica no se respetan, porque no son sentidos como una obligación por los que hay que luchar.”

Desde el punto de vista individual, en la ética y el comportamiento humano, los sentimientos, las emociones individuales juegan un papel crucial. El ser humano vive a través de los sentimientos, para que su vida tenga sentido. Un sentimiento produce otro, que le sigue a continuación como consecuencia del primero. En cada sociedad, según sus raíces religiosas tiene asentado su ética sobre las bases morales de las 3 grandes religiones. Es decir, su ética está basada en uno de los 3 sentimientos de base: la culpa en los cristianos, la vergúenza en el islam, y el honor en el budismo. Así el sentimiento de culpa, hace posible el arrepentimiento de las acciones y la posibilidad de reparación a la víctima. El honor es esa cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo. La vergüenza es el sentimiento de la autoreprobación, de estar en falta, con culpa, etc. por ideas o acciones deshonrosas, reales o fantaseadas referidas a la propia persona y que ésta teme que otros conozcan. En ese sentido produce la necesidad de aislarse, ocultarse o ponerse a resguardo de la mirada ajena. Avergonzarse es no querer ser visto. Implica humillación y ocultarse ante los demás. De esta forma el comportamiento que perjudica a otro o a la sociedad es autorregulado por estos sentimientos. Cuando estos desaparecen de los individuos de una sociedad, desaparece el mecanismo de regulación de la “justicia social”.

Se necesita un consenso social sobre que contiene cada sentimiento moral y cuál es el dominante en cada cultura, es decir, unas reglas del juego. Esto es parte de la cultura de una sociedad.

Los sentimientos morales hacen que dejemos de mirar exclusivamente por nuestros intereses y miremos por los de los demás, hacen posible la interdependencia mutua  y la supervivencia como grupo. Por decirlo así, son una garantía para que el individuo no solo vele por los intereses propios, sino también por el grupo. Poniendo en juego el altruismo, y a obligación. Garantizan en definitiva la supervivencia como sociedad. Los valores, la ética y la moral hacen viable el proyecto de una sociedad. Cuando esta pierde los sentimientos de moral, la posibilidad de supervivencia provechosa se debilita.

La justicia es la base para asegurar la reciprocidad, el respeto, y también la autoestima y la dignidad.  Si queremos una sociedad justa ha de haber educación de los sentimientos, de las emociones. Para producir una sociedad en la cual cada individuo pueda hacer realidad un proyecto de vida sostenible y en convivencia con el proyecto de vida de los demás.

El grupo o la sociedad refleja las consecuencias aumentadas, de cada decisión individual, de cada sentimiento o emoción así como su carencia. No es solo un problema de “ellos” sino de uno mismo también. Hay que entonar un mea culpa y reconocer la parte de responsabilidad que todos y cada uno de nosotros como ciudadanos tenemos en esta situación.

Es necesario pues una revisión y actualizar los sentimientos morales en la sociedad, de las instituciones (incluidas las organizaciones laborales) en que vivimos. Revisar que ha pasado con la culpa, el honor y le vergüenza en una sociedad capitalista que hasta ahora ha premiado y mucho el egoísmo, el hedonismo y el individualismo radical. Hemos alcanzado cotas altísimas de carencia de estos valores y las consecuencias están siendo tan letales como inaceptables para todos. Hemos atrofiado el sentido del honor la vergüenza y la culpa, dando lugar a comportamientos indignos y a injusticias sin precedentes. Como consecuencia las pérdidas económicas, el coste social, y la depravación moral de una sociedad, el sistema democrático y en definitiva el humano.

Vivimos en una sociedad hipertecnificada e hipohumanizada. El boomerang ha regresado a nosotros, He aquí las consecuencias de la pérdida de valores humanos. Dado es estatus actual, se impone un relanzamiento de este valor tan denostado. Desde el punto de vista sociológico, es necesaria la imposición de  grandes consecuencias visibles y reales para aquellas personas que públicamente las han traicionado. La ética ha de mostrarse desde las alturas de la cúspide de la sociedad hacia abajo. Para que sea creíble. Así como con nuevas reglas del juego (leyes) que castiguen los comportamientos de falta de ética. Así como mecanismo de vigilancia para todo el sistema social, democrático y organizativo de modo que  las instituciones y las personas que encargados de imponer dichas sanciones, no tengan la oportunidad de evitar su cometido.

Mientras este punto central del problema no se ataje, cualquier tipo de solución será siempre superficial. Será insuficiente.

Directora de Grossoni Solutions, www.grossonisolutions.com
Sefl-managment: Inteligencia emocional, pensamiento positivo, creatividad.
Blog Mónica Grossoni & Éxito en los negocios

monicagrossoni@hotmail.com

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