Las Claves del Poder Personal ®: un modelo para gestionar positivamente el cambio

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Susana Cruces. Afrontar positivamente cualquier tipo de cambio es una decisión racional que implica una actitud y un comportamiento emocionalmente inteligente. Es necesario que seamos conscientes de las emociones que nos afectan y demos desarrollar habilidades que nos permitan actuar de forma creativa, flexible e innovadora ante las nuevas situaciones

Quizás no resulte muy novedoso empezar un artículo diciendo que el entorno en el que vivimos se caracteriza por cambios constantes, circunstancias difíciles y desafíos frecuentes a los que hay que dar respuestas eficaces. Probablemente sí sea más original que tomemos consciencia que afrontar positivamente cualquier tipo de cambio es una decisión racional que implica una actitud y un comportamiento emocionalmente inteligente, porque esto es lo que hace que aumente nuestra capacidad para asumir los desafíos.

Sin embargo, si nos centramos en lo que hacemos de forma instintiva, el comportamiento habitual es tener miedo y ponernos a la defensiva ante lo nuevo. El miedo afecta a nuestra autoestima y cuanta menos autoestima tenemos, menos capacidad también de integrar nuevos procesos de pensamiento y desarrollar comportamientos eficaces ante el cambio.

Para afrontar el cambio es necesario que seamos conscientes de qué emociones nos afectan y que desarrollemos habilidades que nos permitan actuar de forma creativa, flexible e innovadora ante las nuevas situaciones. El modelo que proponemos a continuación, incide en las competencias emocionales básicas necesarias para adaptarnos al cambio, teniendo en cuenta que el ser humano tiene mucho más poder sobre sí mismo del que realmente cree tener, solo tiene que utilizarlo.

La Curva del Cambio

Siguiendo el modelo originalmente creado porla Doctora Elizabeth Kübler-Ross, precursora de la tanatología y posteriormente adaptado al proceso de cambio organizacional por Dennis T. Jaffe y Cynthia D. Scott, los seres humanos ante un proceso de cambio atravesamos cuatro etapas a nivel emocional, desde el estado inicial donde se produce el cambio (estado actual), hasta alcanzar el estado deseable. Estas etapas son: negación, resistencia, exploración y compromiso.

El camino de la adaptación al cambio no es ni sencillo ni rápido, pero quizás resulte menos tortuoso si somos capaces de utilizar nuestro poder personal para adaptarnos, utilizando como apoyo las habilidades y herramientas necesarias para superar cada una de estas fases.

Las Claves del Poder Personal®

El modelo Las Claves del Poder Personal® (J. Balart 2007) incluye las competencias emocionales que la persona necesita desarrollar para alcanzar la autorrealización, entendida como el estado ideal donde uno está a gusto con lo que es y con lo que hace. Si tomamos la adaptación al cambio como un objetivo de autorrealización, las competencias que nos acompañan para recorrer mejor el camino son: Coherencia, Autoestima, Empatía, Proactividad, Automotivación y Madurez.

Para desarrollar cada competencia es importante coordinar de una manera coherente los tres ejes: intelectual, emocional y conductual, decidiendo qué pensar para provocar un determinado sentimiento que sea favorecedor de un determinado comportamiento.

El resultado logrado

Integrando las fases de la Curva del Cambio con las competencias emocionales y las habilidades que contempla el modelo Las Claves del Poder Personal, hemos obtenido un proceso para mejorar nuestra capacidad de adaptación al cambio:

Tabla1

A continuación, explicaremos qué hacer en cada fase:

Fase 1: Ante la negación, Coherencia

La primera fase de un proceso de cambio, la negación, constituye un mecanismo de defensa contra el mismo, ignorándolo o rememorando épocas pasadas de confort y seguridad. Los comportamientos más habituales en esta etapa son evitar el tema de cambio tanto como sea posible, esperar sin tomar la iniciativa, como si no pasara nada, dedicarse solo a lo rutinario, a lo fácil. Todo esto está dominado por una emoción subyacente: la indiferencia y una falsa calma, originadas por no querer ver la realidad y creer que todo está siendo una mala pesadilla de la que se va a despertar en cualquier momento.

Por ello en esta fase es fundamental tomar consciencia de esas emociones y buscar la coherencia entre el pensamiento, el sentimiento y el comportamiento para actuar de una forma positiva que permita afrontar el cambio. Al cambiar el pensamiento negativo por otro positivo, el sentimiento cambiará y el comportamiento será más eficaz.

Fase 2: Combatiendo la resistencia con Autoestima y Empatía

Una vez despertamos de la “pesadilla” y comprobamos que la realidad es la que es, no la que nos gustaría que fuese, nos invade una dura sensación de pérdida (de estatus, de poder, etc.); ante la que nos rebelamos y surge la resistencia, porque percibimos el cambio como una amenaza, ante la cual sentimos rabia, desconfianza e inseguridad.

Para superar esta etapa, podemos echar mano de la autoestima, la cual nos ayuda a tener una visión positiva de la realidad y nos da la autoconfianza necesaria para afrontar el cambio. Conocer nuestras fortalezas, aceptar nuestras debilidades y miedos, compensando las debilidades con fortalezas hace que incrementamos la valoración que hacemos de nosotros mismos, lo cual nos da la fuerza necesaria para emprender acciones eficaces y perseverar a pesar de las adversidades.

Para superar la resistencia y empezar a abordar el cambio, es fundamental practicar la empatía ya que nos abre la mente para escuchar de forma activa otros motivos, otros puntos de vista, dejando de lado los prejuicios. Nos ayuda a comprender otras formas de interpretar la realidad, y si además nos atrevemos a manifestar de forma asertiva, desde el respeto pero sin miedo, nuestras dudas y nuestros sentimientos, el abordaje del cambio resulta más fácil.

Fase 3: Explorando el cambio con Proactividad

Cuando el individuo toma consciencia que el cambio es una realidad y que no puede evitarlo, para sentirse mejor puede cambiar la forma de percibirlo, en lugar de verlo como una amenaza, verlo como una oportunidad, y de esta manera iniciar la etapa de exploración, en la cual empieza a aceptar que el cambio es importante y necesario. En esta etapa se libera mucha energía y aparecen emociones más positivas como el optimismo, pero acompañadas de confusión y agotamiento; ya que empezamos a pensar qué podemos hacer y qué está dentro de nuestro círculo de influencia, para afrontar el cambio.

La proactividad supone elegir una actitud activa y positiva frente a los cambios, nos ayuda a tomar la iniciativa y explorar qué podemos hacer, qué necesitamos aprender y cómo podemos obtener buenos resultados, utilizando para ello la creatividad necesaria que nos permita alcanzar nuestros objetivos, buscándolos por distintos caminos sin rendirnos fácilmente.

Fase 4: alcanzando el compromiso con Automotivación y Madurez

Y por fin llegamos al compromiso, que aparece cuando decidimos aceptar e integrar firmemente el cambio como una nueva norma y somos capaces de trabajar eficientemente en el nuevo entorno. Nos sentimos más productivos y las emociones que tenemos son sensación de dominio, alivio, logro y crecimiento a través del cambio.

¿En qué nos apoyamos para llegar hasta aquí? En la automotivación, que es la capacidad de encontrar un motivo para querer hacer lo que debemos hacer. Para ello es importante asumir que somos nosotros los responsables de encontrar estos motivos y podemos hacerlo si agradecemos, en el sentido de valorar las capacidades que tenemos y lo que hemos conseguido. Este estado de valoración es lo que nos permitirá conseguir el equilibrio necesario para poder afrontar el compromiso que implica el cambio.

Por último, la madurez, que nos lleva a la aceptación plena, que no resignación, desde la resignación no actuamos, solo nos victimizamos, en cambio, desde la aceptación vemos lo que podemos hacer al respecto y por tanto afrontamos los cambios con serenidad. Con humildad de pensamiento, reconociendo nuestras limitaciones para evitar el cambio, asumiendo nuestra capacidad de influencia, es más fácil tener valor para modificar aquello que está a nuestro alcance y disponer de la serenidad y la sabiduría suficientes para reconocer lo que no depende de nosotros y por tanto no podemos influir, solo aceptar. El cambio es ahora la norma y nos sentimos fortalecidos para hacer frente a la próxima iniciativa.

Nuestra experiencia

A lo largo de nuestra trayectoria profesional hemos intervenido en distintas acciones formativas sobre gestión y adaptación al cambio en las que hemos podido utilizar este modelo, lo que nos ha permitido insistir en dos aspectos fundamentales, desde nuestro punto de vista, para gestionar positivamente los cambios.

El primero, ser conscientes de que el cambio es menos traumático si sustituimos las actitudes y las emociones negativas asociadas, las creencias erróneas por una decisión firme de aprovechar o buscar oportunidades en el entorno. El segundo aspecto, descubrir cuáles son esas emociones, pensamientos, actitudes y comportamientos que debemos desarrollar para lograr la adaptación al cambio y conseguir beneficiarnos de él.

En definitiva, asumir la responsabilidad personal y utilizar el poder que tenemos los seres humanos de lograr nuestro bienestar, incluso cuando nos parece que es imposible.

Susana Cruces Susana Cruces Dopico
Es gerente de Agama Consultoría y Aprendizaje. 
Puede contactar con ella en el e-mail: susanacruces@agama-consulting.com

 

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